Si crees que el perfeccionismo hace estragos en tu día a día,  no te permite liderar tu vida y tampoco te deja alcanzar tus resultados y  bienestar, te pido que me acompañes en esta reflexión.

Te propongo que no nos detengamos a mirar las consecuencias que nos produce la perfeccionistitis aguda porque estoy seguro que entre nosotros debe haber miles de anécdotas que nos lo recuerden a diario, también te ofrezco que no nos detengamos a mirar el efecto que tiene en la autoestima y la ansiedad que nos produce porque ahí sí sé que no nos alcanzaría el tiempo para escribir en este posts.

En cambio, prefiero que esta lectura te sirva liderar-te, para que te conozcas un poco más, para que puedas hacerte nuevas preguntas, y como muy importante para flexibilizar la vara con la que evalúas tus resultados, y te saques un poco de esa presión que no te deja vivir.

¿Te parece?

Entonces allá vamos…

¡Nada nunca es suficiente! Bueno si te consideras una persona perfeccionista, seguramente la sensación de que nada nunca es suficiente, te resulte muy familiar. Capaz si prestas un poco de atención a tus conversaciones podrás encontrarte diciendo… “Esto no es lo suficientemente bueno”, “o mis resultados no son suficientes”.

Antes de continuar avanzando, la pregunta que te hago en este punto es: Lo suficiente ¿para qué? Y concretamente: ¿qué parte de tus resultados es la que no es suficiente? ¿Es el resultado que obtienes o es la expectativa del resultado que te gustaría obtener? Para que lo veas más claro y que puedas identificar en qué parte te encierras, déjame  plantearte el siguiente escenario.

Para poder tomar cualquier decisión, tu cerebro antes necesita haber hecho una comparación teniendo en cuenta como mínimo estas dos situaciones: el resultado que obtienes (o el que crees que vas a obtener) y el resultado que te gustaría, es decir, tus expectativas.

Según la simulación que hagas de lo que crees que pasará, tomarás una decisión u otra: hacer esa acción, tirar la toalla, o quedarte en el sofá mirando el celular, dejarla para mañana, intentarlo en otra ocasión, y un montón de alternativas que se te puedan ocurrir…

Permíteme que me pare aquí un momento para exponer los dos posibles escenarios que surgen: en no actuar y en el escenario de actuar sí, ¿pero?

Si crees que el resultado de esa acción no será lo suficientemente bueno, seguramente no te pondrás en marcha porque no cumplirá con la expectativa o no compensará tu esfuerzo ese resultado.

Esto está muy relacionado con la conocida parálisis por análisis. Es decir, analizo y le doy mil vueltas a todas las opciones, pero de todos los escenarios que me imagino, como ninguno me convence no iguala o supera mis expectativas, no me pongo en marcha.

Vamos con la segunda… Actuar sí, pero…

Si pasas a la acción y te pones en marcha pero el resultado que consigues no te parece lo suficientemente bueno, seguirás en un bucle de mejora que parece no tener fin.

Es el típico ejemplo de: “Si, hice este curso pero como todavía sigue sin estar perfecto lo que considero tengo que saber veo si existe un segundo curso”.

Con lo cual la lista de formaciones por tomar sigue creciendo porque siempre tienes la sensación de que hay algo que se podes mejorar o perfeccionar, y no puedes ponerle el punto final, para liderar-te acabando con el síndrome de capacitaciones reiteradas.

Una vara para medir los resultados bastante mentirosa

Te pido que tengas en cuenta que la clave para liderar-te y superar el perfeccionismo no está tanto en la calidad del resultado final aunque tú estés convencida o convencido de que sí; sino en la vara que estás usando para medir ese resultado.

Si en tu manera de liderar-te utilizas una vara para medir tus resultados que solo posee dos medidas: “malo” y “excelente” o “0 y 10”, y tú eres de hacer las cosas bien porque lo otro no es lo que eliges para tu vida, estarás comparando ese resultado no con lo que sería aceptable o suficiente, sino con la perfección.

Por eso, creo que no se trata de no capacitarte tanto o capacitarte menos, sino de ocuparte por cómo estás midiendo tus resultados en todos los órdenes de tu vida y diseñar una vara de medir que contemple los grises, las escalas, lo gradual y todos los números que van desde el 0 hasta el 10.

Así que para ganar flexibilidad, detectar y valorar esos grises, qué te parece si te comento algunos tips que a mí me sirvieron para liderar-te y comenzar entrenar esta habilidad de medir mis resultados.

Clave 1: Preguntarse ¿Qué es aprender?

¿Te acuerdas de cómo empezaste a andar en bicicleta?

Cuando aprendiste a andar en bicicleta me imagino no subiste a una montane bike y saliste a dar una vuelta por la plaza o el barrio. Para aprender me imagino tuviste que pedirles a tus papas que le pusieran unas rueditas la bici que impidieran que cuando perdieras el equilibrio te caigas.

Pero después de haber practicado varios días, posiblemente se las sacaste pero le pediste a algún amigo o familiar que te sostenga desde atrás mientras vos pedaleabas e intentabas mantener el equilibrio, y quizás en algún momento el sostén no funciono y de manera improvista tuviste que improvisar algún aterrizaje forzoso en la tierra.

Hasta que finalmente a base de varias pruebas, empezaste a andar en tu bicicleta y disfrutar del aire que acariciaba tu cara mientras pedaleabas. Fue entonces cuando empezabas a enterarte de algo. Para liderar-te en un proceso de aprendizaje creo que es fundamental comprender que es un proceso de reajuste continuo donde ser constante es esencial. No es algo que se produzca en un instante. Necesita su tiempo y sobre todo, necesitas equivocarte para poder sacar de ahí una experiencia que te permita hacerlo mejor la próxima vez.

Tampoco se trata de que no haya fallos ni errores. Es más, gracias a que los hay es que puedes ajustar tu proceso, aprender, trascender y evolucionar.

Clave 2: ¿Y si pruebas valorando lo que vas consiguiendo?

Una de las razones de la frustración se debe a no contemplar ni valorar los logros y avances que vas consiguiendo. Mirá que en cada paso que estás dando, estarás mucho más cerca de tú objetivo de lo que estabas ayer.

A lo mejor el resultado no ha sido el que querías todavía pero por lo menos estás dando nuevos pasos, y por eso hoy lograste algo que ayer no tenías.

Clave 3: ¡¡Experimenta a ver qué pasa!!

Realizá, practicá, porque cuando iniciamos una actividad tenemos la posibilidad de equivocarnos.

Es decir, en vez de crear esas películas fatales en tu imaginación y basarte solo en posibles resultados que estas suponiendo, compruébalo por ti mismo o misma poniéndolo en práctica, toma fuerzas y anímate a realizar ese prueba que te estás diciendo te va ir mal. Una profesora me enseñó alguna vez que la acción es el mejor remedio para superar nuestras creencias limitantes.

Pasar a la acción con pequeños objetivos te ayudará además a ganar confianza y seguridad. Recuerda que la clave no es esperar a sentir confianza para ponerte en marcha, sino ponerte en marcha, para empezar a generar confianza.

Clave 4: ¿Perfecto para quién?

¿Te has planteado alguna vez que la perfección es una creencia?

Lo que para otra persona es perfecto, para mí puede no serlo. Cuantas miradas contrapuestas existen en nuestra cultura, a cuantas les gusta el futbol y a cuantas no, a cuantos se apasionan por leer y cuantos prefieren mirar una serie en netflix. Lo que a unos le parece perfecto a otros no les gusta nada.

O mirá si no sucede lo mismo con el ideal de belleza y en cómo ha ido cambiando a lo largo de la historia. Lo que en el siglo XIX se consideraba un ideal de perfección ahora ya no lo es.

Ten en cuenta que tu punto de vista es único, como lo sos vos. Por tanto no hagas tus actividades pensando que la otra persona lo verá igual o lo valorará igual de la misma manera que lo estás haciendo vos.

Clave 5: Lo que haces no es lo que eres

Los resultados que consigues son lo que haces, no lo que eres.

Si algo te ha salido como un excelente no quiere decir que tú seas un excelente de persona y viceversa si algo resulto mal no indica que vos seas mala o malo como persona. Es como te ha salido, no quien eres.

La idea es que te valores por quien eres, y no por lo que estas consiguiendo recuerda que tu aprendizaje es gradual. Y lo mismo con los demás. Lo importante es valorar al otro por el hecho de ser persona.

Clave 6: ¿El perfeccionismo es tan tan bueno o tan tan malo?

Pues depende. No se trata de hacer una votación a favor o en contra, sino de valorar cómo de útil te puede resultar para un contexto y objetivo concreto.

Un especialista que está desarticulando una bomba se tiene que exigir en su máxima perfección, al igual que un cirujano que esté operando a corazón abierto o un ingeniero de aviación.

Todo depende del grado de utilidad que tenga en función de ese contexto y objetivo concreto.

Clave 7: Aprender a darse tiempo, se trata de una habilidad

Ir reduciendo tu grado de perfeccionismo es una habilidad, y como toda habilidad requiere tiempo en su aprendizaje. Sería absurdo querer vencer tu manía al perfeccionismo si luego te vuelves a exigir resultados inmediatos a la primera de cambio, ¿no crees?

Valora los logros, y también los grises.

Quizás sea el momento de tomarte un tiempo para diseñar en tus reflexiones tu propia vara de medir, donde estén contemplados tus propios estándares Las situaciones del día a día son un laboratorio perfecto para sacar a relucir y practicar tu nuevo sistema de medición.

Gracias por leerme, quiero que sepas que me encantaría conocer tus claves para superar el perfeccionismo, para seguir aprendiendo entre todos.  También te pido que si te gusto este posts,  lo compartas en tus redes sociales.

¡¡Abrazo y vamos por más!!